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Cómo combatir el estrés laboral

No es ninguna sorpresa que el trabajo pueda ser una importante causa de estrés en nuestra vida, pero ningún empleo debería ser tan exigente como para provocar un brote de herpes labial. Así es como debes relativizar los retos laborales y disminuir su impacto emocional.

Reconoce los signos de advertencia. ¿Te sientes abrumado en el trabajo? ¿Has perdido confianza en ti mismo? ¿Te sientes más irritable o reservado? ¿Te sientes menos productivo o encuentras menos gratificante tu trabajo? Una vez que has reconocido esos signos, puedes tomar medidas para minimizar el efecto emocional que tiene el trabajo en tu vida.

Presta atención a tus emociones. Te guste o no, las emociones intervienen en la toma de decisiones y en las ideas y acciones. Ignorar tus emociones puede hacer difícil entender cuáles son tus motivaciones y necesidades en el trabajo y saber comunicarlas bien.

Ríete. No todo se puede controlar y es probable que a lo largo del día te encuentres ante una serie de retos. Desarrollando la capacidad de compartir unas risas con un compañero ante un reto inesperado puedes reducir el estrés relacionado con el trabajo.

Aprende el significado de las señales no verbales y el lenguaje corporal. Cruzarte de brazos puede indicar inseguridad o ansiedad (especialmente con extraños; algunos estudios señalan que, con amigos o compañeros, se percibe como una muestra de interés o de estar verdaderamente implicado en un tema). Por lo tanto, saber leer el lenguaje corporal —y adecuar tus mensajes a tu lenguaje corporal— puede ayudar a minimizar los malentendidos, facilitando mucho la vida en el trabajo.

No aspires a la perfección. Aunque es bueno tener grandes expectativas, no te sientas abrumado intentando hacer demasiado y temiendo luego no conseguirlo. Fíjate objetivos realistas, trabaja bien en lo que estás haciendo y da lo mejor de ti mismo.

Fija una hora y un lugar para preocuparte. Debe ser siempre a la misma hora y en el mismo lugar y mucho tiempo antes de acostarte. Durante ese rato puedes preocuparte por todo lo que se te pase por la cabeza. Si surge alguna preocupación durante el día, anótala y déjala para preocuparte por ella durante tu rato de la preocupación.

No te comprometas excesivamente. Al término de cada jornada, revisa tu agenda y reconoce tus logros. Luego piensa en lo que tienes que hacer al día siguiente. Ten en cuenta el tiempo de inactividad diario y evita programar cosas una tras otra o juntar demasiado en un mismo día.

Introduce pausas. Cuando planees tu agenda, introduce pausas para darte un respiro y dejar que tu mente descanse. Ve a dar un paseo o practica algún ejercicio más vigoroso a mitad de la jornada; tan solo 30 minutos de ejercicio pueden mejorar tu estado de ánimo, hacerte sentir más concentrado y aumentar tu energía, relajando al mismo tiempo tu cuerpo y tu mente.